Avance – El Archivo de las Tormentas 4 – Rhythm of War: Interludio – Lift

La semana pasada, durante el evento Life, The Universe, and Everything, Brandon y Dan Wells compartieron un genial panel en el que realizaron dos lecturas, una fue el primer capítulo de The Apocalypse Guard, proyecto enmarcado en el mismo universo que Los Reckoners, pero que por inconsistencias en el guión Brandon descartó llevar adelante y lo aparcó para escribir Escuadrón en su lugar. The Apocalypse Guard ahora es un proyecto que está llevando a cabo junto a Dan, y que (cuando salga) promete ser glorioso y lleno de humor. Pero dejemos eso para más adelante.

Hoy esperamos que disfrutéis de este nuevo avance. Tened en cuenta que es la traducción de un vídeo, y no todas las partes del mismo se podían escuchar con la misma claridad.

En cualquier caso, ¡aquí está!

 

THE RHYTHM OF WAR – INTERLUDIO – LIFT

leído ORIGINALMENTE POR BRANDON SANDERSON durante “Life, The Universe, and Everything”, EL miércoles 4 DE marzo de 2020

 

Lift colgaba del techo, a duras penas pendiendo de una cuerda con una sola mano, intentando alcanzar con la otra la cesta, mientras se vio obligada a reconocer que robar comida ya no le proporcionaba la misma excitante satisfacción de antaño. Seguía aparentando que sí, porque no quería que su vida cambiara. Ella odiaba los cambios. Básicamente, lo suyo era robar comida a los demás. Lo había estado haciendo durante años, y todavía sentía emoción cuando venía sus famélicas caras. Cuando abrían el armario y su rollito de chouta había desaparecido, o cuando acercaban su plato y lo encontraban vacío. Mostraban el más grandioso momento de confusión y sus ojos bizqueaban de pánico. Y entonces sonreían y miraban para descubrir dónde estaba.

Por supuesto, no la veían, ella estaba demasiado alto y era muy buena escondiéndose, pero ellos buscarían, mostrándose complacidos. No deberías sentirte complacido cuando alguien te había robado. Eso arruinaba la experiencia por completo. Y luego esto. Se estiró un poco más, sus dedos rozando la cesta. Se balanceó en su cuerda, se estiró un poco más y… aquí, enganchó la cesta. Se metió el asa en la boca y volvió a trepar por la cuerda, desapareciendo en su laberinto oculto de pequeños túneles que conectaban los tejados y paredes de la torre. Arriba, Wyndle esperada, enrollado sobre sí mismo y dando vida a un rostro hecho a base de vides y cristal.

—¡Oh! —dijo—. ¡Una cesta llena! Vamos a ver lo que te ha dejado esta vez.

—Nadie me ha dejado nada —replicó Lift tajante—. La he robado, de forma completamente llana e injusta. Y además, calla. Alguien podría estar escuchando.

—No puede oírme, ama, soy…

—Yo te escucho, así que silencio, quejicaspren.

Lift se separó del hueco, empujando la cesta hacia delante conforme gateaba por el pequeño túnel. La siguiente intersección era bastante más estrecha, pero podía hacerse resbaladiza con luz tormentosa, así que pudo pasar. Dos giros y un gateo en línea recta más tarde, entraron en una pequeña intersección de túneles, donde había dejado una esfera para tener luz. Aquí, el techo del túnel era un poco más alto, de modo que podía recostarse con la espalda contra la piedra e inspeccionar su premio. Wyndle llegó desde el techo, adoptando la forma de una vid que se extendía entre la piedra. Había formado una cara justo por encima de ella, que miraba hacia abajo mientras Lift abría la cesta y empezaba a revolverla. Panecillos planos y curry, puré de judías dulces, un pequeño tarro con una adorable cara dibujada en la tapa, junto al símbolo de los comecuernos para el amor. Parecía contener mermelada en su interior. Lift miró hacia el techo, hacia la parpadeante vid que colgaba de él.

—Muy bien —admitió—, quizás ella lo dejó ahí para mí.

—¿Quizás?

—Estupida y famélica mujer comecuernos —masculló Lift, esparciendo mermelada sobre el pan—. Su padre sabía cómo hacer que pareciera un accidente, dejando cosas fuera para que yo pudiera agarrarlas. Que me deje fingir, por las tormentas.

Se llenó la boca de pan. Condenación, estaba bueno. Eso únicamente hacía que la experiencia fuera aún más humillante.

—No veo el problema, ama.

—Eso es porque eres un tontospren —dijo ella, y a continuación se embutió el resto del pan en la boca, hablando mientras lo hacía —. No grompfpfpfpfpfpfppf.

—A mí también me gusta tener diversión en mi vida. La semana pasada realicé una demostración de la más bella disposición de sillas entorno a la torre. Los demás pensaron que fue bastante majestuosa, alabando los banquillos en particular.

Lift suspiró, recostándose contra la pared, limitándose a desplomarse. No estaba particularmente enfadada, ni particularmente triste, simplemente estaba… <inaudible>. Absolutamente <inaudible>.

Tormentas. El vendaje que llevaba bajo la camisa estaba empezando a picarle realmente hoy.

—Vamos —dijo, recogiendo la cesta y la esfera y moviéndose a través de las entrañas de la torre.

—¿Tan malo es? —preguntó Wyndle siguiéndola—. A Cord le gustas. Por eso deja cosas para ti.

—No se supone que le tenga que gustar a nadie —replicó Lift bruscamente—. Soy una sombra. Una sombra invisible y peligrosa que misteriosamente se mueve de lado a lado, sin ser percibida jamás, siempre temida.

—Una… sombra.

—Sí, una famélica sombra, ¿entendido?

Lift tuvo que apretujarse también en el siguiente túnel. Estúpida, estúpida, estúpida.

—Esta torre es como un enorme cadáver antiguo, y yo soy como la sangre, serpenteando por sus venas.

—¿Por qué tendría un cadáver sangre en sus venas?

—Vale, no está muerto, está… durmiendo, y somos su tormentosa sangre, ¿queda claro?

—Yo creería —dijo Wyndle mientras ella se apretujaba por otro estrecho pasadizo—, que estos pasadizos de ventilación son más bien como los intestinos. Por lo que la alegoría que deberías hacer sería más bien similar a, mmm, bueno… heces, supongo.

—Wyndle… —dijo ella, recuperándose.

—¿Sí, ama?

—Quizás que dejes de intentar ayudarme con mis fantásticas metáforas, ¿vale?

—De acuerdo.

—Tormentoso sosospren —murmuró, mientras llegaba a una sección donde los conductos de ventilación eran más amplios.

Realmente le gustaba esta torre. Había montones de sitios que explorar y donde esconderse, especialmente si eras una persona de las pequeñas. Aquí en lo alto, en la red de ventilación de huecos en la roca, había encontrado algún visón esporádico u otro tipo de saqueador, pero básicamente eran sus dominios. Los adultos eran demasiado grandes y los demás niños demasiado asustadizos. Además, ella podía brillar cuando estaba bien alimentada, y su maravillosidad podía ayudarla a pasar por los rincones estrechos. Cuando empezó a explorar aquí arriba al principio, no había tantos como ahora. ¡Estúpida, estúpida, estúpida!

Eventualmente llegaron a su escondrijo, una obertura donde coincidían cuatro huecos. Allí, ella había apilado mantas, comida, y algunos tesoros. Uno de los cuchillos de Dalinar que estaba completamente segura que él no había querido que robara. Algunos caparazones interesantes, Y una vieja flauta que Wyndle decía que le parecía extraña. Había un pozo cerca, de donde podía conseguir toda el agua que quisiera, pero que estaba lo suficientemente lejos de la gente como para que pudiera hablar sin temor a que nadie la escuchara.

El antiguo escondrijo que había construido antes de mudarse le permitía escuchar ecos de la gente en las proximidades, pero ellos también habían sido capaces de escucharla también. Les oía hablando de los ecos en los huecos de la ventilación. «El espíritu de la torre» decían. Y eso había sido genial al principio, pero después empezaron a dejarle cosas, como si fuera la tormentosa Vigilante Nocturna. Y empezó a sentirse culpable. No puedes ir tomando cosas de gente que no tiene mucho que dar. Esa era la primera norma de no ser una completa y absoluta inútil caca de chull.

Masticó parte de la comida robada de la cesta, y luego suspiró y se puso en pie. Caminó hacia la pared lateral, colocando su espalda contra ella.

—Muy bien. Hazlo —dijo.

Wyndle se movió hasta la pared. Como siempre, dejando un rastro de enredaderas tras él. Se marchitarían y descompondrían poco después, pero podían usarse para marcar algo durante un breve espacio de tiempo, como la altura de una muchacha que estaba de pie contra la pared. Él se movió por la pared hasta colocarse por encima de su cabeza, y luego Lift se apartó y marcó la línea con un trozo de tiza más permanente.

—Son algo más de dos centímetros desde la última vez —dijo ella.

—Yo… lo siento, ama.

Lift se dejó caer en su nido de mantas, con ganas de hacerse un ovillo y echarse a llorar. Pero no lo haría, porque ella no era tormentosamente débil. En cambio, se quitó la camisa, deshizo el vendaje que rodeaba su pecho, y lo rehizo más apretado.

—Dejaré de comer. Eso detendrá mi crecimiento.

—¿Tú? ¿Dejar de comer?

—¡Puedo hacerlo!

Apretó el vendaje aún más, y volvió a ponerse la camisa. Luego se limitó a permanecer tumbada y contemplar las marcas en la pared que mostraban el progreso de su altura durante los últimos ocho meses.

—Ama —dijo Wyndle, enrollándose como una anguila y alzando una enredadera cerca de ella. Estaba mejorando a la hora de hacer caras, y esta era una de las favoritas de Lift. Tenía pequeñas enredaderas que parecían bigotes —. ¿No crees que es el momento de decirme lo que le pediste exactamente a la Vigilante Nocturna?

—No importa. Todo eran mentiras. La bendición, las promesas. Mentiras, mentiras, mentiras.

—He conocido a la Vigilante Nocturna. No piensa de la misma forma en que lo hacemos los demás. Cultivación la creó para que estuviera apartada, separada de la humanidad, desconectada. Quería crear una hija cuya forma y personalidad no se viera influenciada por las percepciones de los humanos. Eso hace que la Vigilante Nocturna sea menos… bueno, humana que un spren como yo mismo. Aun así, no la creo capaz de mentir. No es algo que ella pueda concebir, creo.

—Ella no es la mentirosa —dijo Lift cerrando los ojos. Tormentas, había apretado demasiado el vendaje, a duras penas podía respirar—. Es la otra, la que tiene el vestido que parecen hojas fundiéndose con los arbustos, pelo como ramas, la piel del color de una piedra de un marrón profundo.

—Así que viste a la propia Cultivación. Eso es raro.

Lift se encogió de hombros.

—Sospechaba que era verdad. Tu situación es única. Ver en el Reino Cognitivo, aunque sea un poco, es un rasgo poco común para un humano,  y convertir comida en luz tormentosa… bueno, eres especial, Lift.

—Yo no quería ser especial.

—Dice la muchacha que antes se comparaba dramáticamente con una sombra.

—Solo quería lo que pedí.

—¿Que era?

—Ahora no importa.

—Yo diría que sí.

—Pedí no cambiar —susurró Lift abriendo los ojos—. Dije que cuando todo lo demás fuera mal, yo quería seguir igual. Quiero seguir siendo yo, no convertirme en otra persona.

—¿Son esas las palabras exactas que pronunciaste?

—Lo mejor que puedo recordarlas.

—Mmm —sijo Wyndle, dejándose caer entre sus enredaderas —. Creo que el problema es que fuiste demasiado imprecisa.

—¡No fui imprecisa! Se lo dije, haz que no crezca.

—No fue eso lo que dijiste, ama. Y si me permites el atrevimiento, habiendo pasado bastante tiempo contigo, diría que que no eres una persona fácil de entender.

—Pedí no cambiar, ¿por qué estoy cambiando?

—Sigues siendo tú, solo que una versión más grande.

Ella volvió a cerrar los ojos.

—Ama. Lift. ¿Podrías decirme por qué te molesta tanto? Todo el mundo crece, todo el mundo cambia.

—Pero yo… soy su niña pequeña.

—¿La niña pequeña de quien? —preguntó él con tono gentil—. ¿De tu madre?

Lift asintió. Estúpido, sonaba estúpido y ella era estúpida. Madre estaba muerta, y eso era todo. ¿Por qué no había dicho las palabras correctas? ¿Por qué simplemente, Cultivación no la había entendido? Se suponía que ella iba a ser una especie de famélica diosa. Era su culpa si llegó una niña pequeña y pidió una promesa que se entendió mal deliberadamente, y… y a Lift le gustaba quien era, quien había sido. No sería la misma cuando se hiciera mayor.

 

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Apasionada de los comics sea cual sea su procedencia. Amante de los libros de fantasia y ciencia ficción. En sus ratos libres ve series, juega a juegos de mesa, a LoL, y algún que otro MMO. Súper fan de las obras faraónicas, del “nada es imposible”, y del “esto se puede mejorar”, es un pelín obesesiva con el orden y la organización. A la que te descuidas, está haciendo listas de nuevas tareas y calendarios. Suele intentar salir a comprar ropa, pero por algún motivo extraño acaba siendo abducida siempre por una librería antes de llegar, y rara vez lo consigue. Colecciona libros como souvenir de sus viajes, y cuando está en Barcelona, le encanta salir de caza por el Mercado San Antonio, y visitar Gigamesh. Incansable planificadora, editora, traductora, y redactora. - I will unite instead of divide. I will bring men together. I will take responsibility for what I have done. If I must fall, I will rise each time a better man.

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