Dragonsteel 2022: Brandon habla sobre El metal perdido

Qué deciros… Mientras me pongo a escribir este post, me doy cuenta de que también podría haberse llamado: «Brandon habla sobre El metal perdido, o el día en que Brandon dio rienda suelta al Cosmere».

Estamos en 2022, familia. Hace 17 años salía Elantris en inglés. Hace 16, Miquel Barceló apostaba por un joven y desconocido autor llamado Brandon Sanderson, al que invitó a Barcelona, la primera ciudad que pisó como autor invitado fuera de Estados Unidos. Quién nos iba a decir a todos los que disfrutamos de los libros de Brandon desde entonces, y los que le hayan descubierto hoy mismo (bienvenidos), la maravilla que iba a desplegarse ante nosotros, esta locura de universo llamado el Cosmere, que amamos con cada fibra de nuestro ser y que tantas alegrías nos ha dado en muchos aspectos más allá de la lectura.

Aquel Brandon tímido, que luego publicó Nacidos de la Bruma, una saga que hoy en día conoce prácticamente cualquier amante de la literatura fantástica y sino, tranquilos, que siempre hay un buen amigo que te la regale, o Elantris o El Aliento de los dioses para que «leas un poquito», como un buen caballo de Troya. Aquel autor que empezó firmando libros en convenciones a las que asistía con amigos, que juntaba 40 personas (y que ya eran muchas para un escritor novel), y que hoy ha sobrepasado los límites de la cordura y que (¿por qué no?), ahora ya tiene su propia convención para la que ha vendido miles de entradas porque los auditorios tradicionales se han quedado pequeños para las fiestas de lanzamiento, y así poder celebrarlo con todos los fans posibles. Y recordad que en el futuro van a intentar también stremear el evento para que lo disfrutemos los que vivimos fuera.

Diecisiete años más tarde, Brandon se libera como un kraken mitológico en alta mar, y las reverberaciones de este movimiento se expanden por el Cosmere colisionando en cada planeta y acercándolos más si cabe, porque, familia, Brandon anunció anoche que a partir de El metal perdido nos adentramos ya en la era de los crossovers y que El metal perdido es el libro donde aparecen más cruces de todos los que ha publicado hasta la fecha… Y que es el primero de lo que esta por llegar.

Nos adentramos en el ecuador del Cosmere, abróchense los cinturones, recojan su bandeja, coloquen el respaldo de su asiento en posición vertical, y disfruten del viaje porque… ¡DESPEGAMOS!

Discurso del lanzamiento de the lost metal

pronunciado por brandon durante la dragonsteel con, EL 15 de noviembre de 2022

¡Hola! ¡¡¡¡Bienvenidos!!!!

Dragonsteel 2022, ¡habéis venido unos cuantos!

Hoy me toca hacer el discurso de inauguración, lo que viene siendo mi privilegio como el autor, y esto es lo que vamos a hacer durante las próximas 2 horas.

Para empezar, voy a hacer un pequeño discurso. Si habéis estado antes en una de mis firmas, ya sabéis que le dais el escenario y el micrófono al profesor Sanderson y él empieza a parlotear durante un ratillo. Este no va a ser muy largo, unos diez o quince minutos. De hecho, esta mañana tiré todo lo que tenía pensado y escribí algo nuevo, así que vais a escuchar lo que diré sobre lo que me interesa ahora mismo, que de alguna forma estará relacionado con los libros, de eso estoy seguro.

Después de eso, haremos algunos anuncios, pero no quiero que os forméis expectativas de que vaya a hacer ningún anuncio sobre películas o series de televisión hoy. No va a suceder. Lo siento. Tendréis algún anuncio al respecto eventualmente, pero hoy no. Va a llegar, lo prometo, pero hacer bien estas cosas lleva un tiempo… Pero haré otro anuncios que serán guay y divertidos. Después de eso, tendremos una pequeña sesión de preguntas y respuestas, escanearéis vuestro código QR y podréis escribir vuestras preguntas, vuestro nombre aparecerá y podréis venir a recoger el micrófono que estará en algún lugar por aquí y podréis hacer la pregunta y yo, en teoría, responderé. Y después de eso tendremos una lectura del Archivo 5. Esta lectura será de los flashbacks de Szeth así que no es muy spoiler en caso de que no hayáis leído los libros porque pasa años antes de que comience el primer tomo. Me gusta hacer esas lecturas cuando estoy con grandes grupos. Si os interesan más las lecturas con spoilers, bueno, eso es lo que pasó ayer donde estuvisteis muchos de vosotros. Creo que lo grabamos, así que es algo que en algún momento aparecerá en mi canal de YouTube, ¿de acuerdo?

Bien, esperad que tome mis notas, lo siento si tengo que revisarlas un poco más de lo habitual pero esto es lo que pasa cuando escribes tu discurso en el último minuto.

[Grito desde el público: ¡¡¡Molas!!!]

¡Oh! ¡Gracias, ciudadano aleatorio! ¡Tú también molas!

Veréis, se cuenta una historia sobre el famoso libro 1984. La escuché cuando estaba en la universidad, y viene a ser la siguiente. Cuando George Orwell la estaba escribiendo, quería llamarla 1948 pero su editor no le dejó, así que cambió el orden de los números y lo transformó en 1984. Busqué al respecto, y no existe una corroboración oficial para ello, pero lo que sí encontré mientras rebuscaba fue muy interesante. Y de hecho, me gusta más esta historia porque la historia que escuché en la universidad daba casi la impresión que él no la veía como una historia de ciencia ficción, y el caso es que sí. De hecho, el título inicial era El último hombre en Europa. Y siempre lo imaginó como esta historia de ciencia ficción en un futuro lejano. De hecho, estuvo cambiando el título. Al principio escogió 1980, luego 1982 y acabo decantándose por 1984. ¿Quién sabe por qué?

Pero el caso es que recuerdo cuando llegó 1984, y todo el mundo decía, bueno pues no se parece demasiado al libro, y este es un tema que se ha convertido en algo recurrente en la ciencia ficción. Dos mil diecinueve fue un gran año, no sé si lo sabéis, pero es el año tanto de Blade Runner como de Akira, así que… bueno… sí… No creo que Tokio haya explotado en los últimos tiempos, y no creo que muchos de vosotros seáis replicantes. Así que seguramente acabéis sumergidos en algún debate de este tipo basado en que a la ciencia ficción no se le da tan bien predecir el futuro.

Hemos acertado en algunas cosas, y todas… bueno, la mayoría, son ideas de Arthur C. Clarke. Pero… Bueno, me refiero a «nosotros» acertamos algunas cosas, en el sentido de que Arthur C. Clarke las acertó. Pero esa es un poco una mala forma de enfocarlo, porque la ciencia ficción no trata sobre el futuro, es algo que ya he comentado antes, y no creo que la fantasía (como corolario) trate sobre el pasado. Creo que ambas tratan sobre el «ahora», y sobre esta interesante idea de que ambas, de alguna forma, hablan del autor. Esto es algo sobre lo que he estado pensando mucho últimamente. ¿Qué dicen mis libros sobre mí? Es algo un poco raro si nos paramos a pensarlo, ¿no? O sea, aquí os habéis juntado muchas personas, que básicamente estáis leyendo mis pensamientos más profundos, íntimos y oscuros e interesantes (y a veces no tan interesantes), plasmados en la hoja. Y es como una forma loca de telepatía gracias a la que puedo entrar en vuestro cerebro, y las cosas que me interesan acaban en la hoja.

Muchas veces pienso que en ocasiones enfocamos mal nuestra percepción de las historias. Hablo con gente y pienso en cómo era yo antes de convertirme en autor… Y nos imaginamos que las historias son esta cosa mágica y perfecta que se extrae del cielo o del Reino Espiritual para los que hayáis leído el Cosmere, y que se manifiestan como esta cosa perfecta. Pero no creo que ese sea el caso. De hecho, no me gusta la frase, pero a veces cuando ves una reseña ves cosas como: «no es una película perfecta, pero…» o «no es un libro perfecto, pero…». Y parte de lo que no me gusta de esto es el hecho de… ¿Qué es un libro perfecto?¿qué es lo que hace que una película sea perfecta? No creo que sea algo que pueda existir siquiera. 

¿Qué es un libro? En muchos aspectos, es una imagen de quién es el autor. Hace poco, bueno, hace un par de años, publicamos el libro llamado The Way of Kings Prime, que es una versión de El camino de los reyes que escribí en 2002, y que comparte cierto ADN interesante con la versión que muchos de vosotros habéis leído y que se publicó en 2010. Fue muy divertido poder publicarla porque podéis ver cómo, en dos momentos distintos de mi vida, tomando la misma idea de base, y al escribir un libro sobre ella, salieron dos libros muy distintos… Pero con los mismos personajes. Es casi como una especie de versión de una dimensión alternativa de El camino de los reyes. Y desde que me convertí en escritor, cada vez he visto mis libros con más frecuencia de esa manera. Una especie de foto instantánea de quién soy en ese preciso momento.

Así que estoy cerrando la saga de Wax y Wayne, ya está completa, muchos de vosotros la tenéis, pero esto es algo que llevó doce años. El otro día estaba pensando sobre eso y fue como… ¿De verdad me ha llevado doce años escribir esta saga? Parece como si la hubiera empezado hace poco, pero la cosa es que doce años es bastante tiempo. De hecho, si os fijáis en el tiempo que estuvo publicándose La Rueda del Tiempo, es más o menos el tiempo que tardó Robert Jordan en ir desde el primer libro hasta Cuchillo de Sueños, algo que si lo pensamos es… abrumador . Para empezar, escribió un montón de palabras. Vosotros pensáis que yo soy prolífico, no sé… pero es que él estuvo escribiendo libros de 400.000 palabras cada año durante un buen tiempo. 

Pero además me hace ver la saga de Wax y Wayne en retrospectiva y pensar… ¿Qué dice esta saga sobre mí? ¿Qué quiere decir? Y eso es algo que hace que me entre un pelín de pánico cada vez que lo pienso porque cuando se trata de encontrar el significado de mis propios libros, me cuesta. 

Dejad que os cuente una historia. Os va a gustar. Vamos a viajar en el tiempo hasta el pequeño Brandon en el instituto, cuando tenía la misma edad que mi hijo Joel tiene ahora. Tiene quince años.

Cuando yo tenía quince años, me estaba iniciando en los libros de fantasía. Llevaba cosa de un año leyéndolos, y estaba en una clase de inglés y nos asignaron escribir cierto tipo de cosa, una alegoría. Estábamos estudiando la obra de Jonathan Swift, habíamos leído Una modesta proposición, y los profesores querían que les escribiéramos una alegoría. Y esta es la primera vez que yo recuerde, que me senté a escribir una historia. Y me senté y escribí esta historia tan guay sobre enanos en una ciudad voladora, porque claro, yo soy yo… Y los enanos estaban minando en la ciudad, que más bien era un asteroide volador con edificios encima, y la cosa es que necesitaban un metal especial que había en el interior del asteroide, pero si lo extraían, todo el asteroide se vendría abajo, aunque lo necesitaban para defenderse de los elfos que los estaban atacando. Por ya sabéis, eran los ochenta y esta era la clase de cosa que escribías. Me encantaba esa historia, quizás se extendió un pelín más de lo que requería el trabajo… Era un trabajo de dos páginas y el mío fue de 28… [Risas en el publico] Pues sí… Incluso como un pequeño Brandon ya compartía algunas de las tendencias. El caso es que entregué la historia súper emocionado, porque había quedado tan bien… ¡Mi primera historia! Y me la devolvieron una semana después y la nota fue de un D- (N.T.: un insuficiente). Sí… Porque la profesora escribió: «Ha sido realmente divertido de leer, pero no cumplió con la tarea. ¿Cuál es la alegoría?». Y yo me fui a la profesora y le dije: «Esto… ¿algo sobre el medio ambiente?». Y ella me respondió: «No. Necesito que te centres de verdad la tarea y escribas una alegoría». Así que escribí alguna historia tonta sobre juglares que tenían una palabra escrita en cada bola, y dejaban caer algunas de las bolas y me puso una A (N.T.: un sobresaliente), ocupó una página, era muy mala, pero cumplía con la tarea. Y en el fondo de mi mente quedó esta idea de que las alegorías y yo no teníamos porqué llevarnos bien, sentía un sano respeto por ellas, y puede que lo sepáis o me hayáis oído hablar del tema, pero este fue un punto de argumento entre CS Lewis y JRR Tolkien. A Lewis le gustaban un poquito estas alegorías, no sé si estáis al caso o habéis leído sus historias… pero le gustaban un poco. Y Tolkien escribió la famosa frase «No me gustan las alegorías». Y yo conecto muy bien con eso que escribió porque es verdad que me gusta que mis libros sean significativos pero no quiero conferirles un significado. Y para mí esa distinción es muy importante. 

Así que al abordar mi propio libro y plantearme qué significa El metal perdido, no estoy ni siquiera seguro de si quiero tirar por ahí. Pero sí creo que sería divertido hablar un poco sobre lo que en general la saga de Nacidos de la Bruma ha representado para mí, y el motivo por el que escribí cada uno de los libros que componen esta nueva era. 

Todavía recuerdo la primera vez que presenté la saga de Nacidos de la Bruma, y fue a mi mujer, Emily. Estábamos en Outback Steakhouse, ¿cierto, Em? Y dije, atenta a esto que quiero hacer. Justo estaba terminando de escribir Nacidos de la Bruma 1, y dije: «Quiero escribir una trilogía de trilogías, y quiero saltar en el tiempo y cosas así». Y a su vez, también estaba un tanto asustado por la idea, y voy a explicaros el motivo. 

Una de las cosas que empecé a hacer por aquel entonces, era construir el Cosmere, pero sentía cierta timidez respecto al Cosmere también. Si habéis leído los libros que se escribieron más hacia el principio, las referencias al Cosmere eran realmente tenues, apenas si están allí. Y ello se debe a que la sabiduría popular de aquella época indicaba que a la gente no le gustaba la continuidad a gran escala. La sabiduría popular indicaba que la gente prefería que sus historias fueran más serializadas, y que los editores estaban asustados de la continuidad. De hecho, cuando mandé El camino de los reyes prime a Tor, se asustaron pero que mucho del libro. Y respondieron diciendo: «¿Podemos partirlo en cinco? Es demasiado largo». Así que en aquella época existía este miedo.

Tenéis que entender que hablamos de una era en la que la fantasía épica estaba pasando por una dura fase de transición. Es verdad que Robert Jordan y George RR Martin tuvieron un impacto enorme en los 90, pero nadie había sido capaz de replicarlo. Y, de hecho, durante bastantes años perfiles importantes acabaron en fiasco cuando alguna personas intentaron lanzar sagas largas, y las únicas cosas que han tenido éxito últimamente han sido historias de fantasía más cortas y más serializadas.

Así que, en mi interior, sentía este profundo miedo y ha sido hace poco cuando me he dado cuenta de que en parte estaba allí porque, incluso ahora, tenía miedo de no cumplir con la tarea. 

Si lo pensáis, mientras crecía existía esa expectativa de lo que era una novela de literatura fantástica. Recuerdo haber leído una entrevista con David Eddings en la que él dijo: «Ah, sí. Así es como se escribe una novela de fantasía: hay una roca/espada/anillo mágicos, alguien se hace con ello y el resto del mundo los persigue por el continente hasta que lo destruyen o lo usan». ¿Cierto? Y ese es uno de los modelos para escribir una novela de fantasía, pero es algo contra lo que yo siempre me he rebelado. Siempre he tenido la impresión de que la fantasía, como género, era el género más imaginativo que hay, el género en el que puedes hacer cualquier cosa, y que no debería estar encasillado en un tipo u otro de historia. Pero una cosa que ha habitado desde siempre en el fondo de mi mente era la idea de cumplir con la tarea.

Cuando escribía todas estas cosas raras y dije: «Ah, pues sí, vamos a saltar cientos de años al futuro», y llegué al final de Nacidos de la Bruma», mi editor, Tom Doherty, me dijo: «Brandon, este final… Este final es muy mala idea». Intentó por todos los medios que cambiara el final de El Héroe de las Eras. No voy a soltar spoilers, pero intentó que lo cambiara: «Esto es una mala idea, por fin están vendiendo bien, es el primer en llegar a la lista de best-sellers, ¿qué estás haciendo? Dame treinta más como este, tal cual. No hagas lo que estás haciendo». Y yo le dije: «¿Qué te parecería uno en el que tengan pistolas?». Y el me dijo: «Nadie quiere pistolas en sus libros de fantasía, Brandon». No estás cumpliendo la tarea… Pero lo hice de todas formas…

[Larga ovación del público]

Hay otro ciudadano aleatorio… Te quiero, ciudadano aleatorio.

Quizás eso os da una pequeña idea de dónde nace Aleación de ley. ¿Qué estaba pensando en mi vida cuando escribí Aleación de ley? Acababa de terminar el segundo de los tres libros de La Rueda del Tiempo que estaba escribiendo. Y necesitaba un descanso. Pero no disponía de mucho tiempo antes de volver a ponerme con el siguiente. No tuve tiempo de escribir Palabras radiantes, que era la siguiente cosa que tenía en mente. Necesitaba algo rápido y divertido y que de algún modo fuera alegre para distraerme de la idea de que tendría que escribir Un recuerdo de luz, que es un libro maravilloso, pero, ¡tío! Hay algunas cosas en Un recuerdo de luz que te destrozan la cabeza. Así que Aleación de ley creció a partir de ahí. Creció a partir de preguntarme qué representaba para mí… Ese era el libro que necesitaba escribir en ese momento. Intenté escribir un relato corto… No funcionó, y fue como… Pues muy bien, va a ser toda una novela, pero esta va a ser una novela suelta. 

[Risas del público]

Sí… Pero era la historia que necesitaba. Es una historia que para mí… A menudo digo que me ponía delante de Un recuerdo de luz y recuerdo pensar que necesitaba algo distinto. Si eso va a ser un menú de doce platos, hoy necesito la mejor hamburguesa disponible en las cercanías, porque mañana tengo que comerme eso. 

Y luego terminé La Rueda del Tiempo, y quise volver con esos personajes de los que me había enamorado. Así que, ¿de dónde salen Sombras de identidad y Brazales de Duelo? Porque ambos libros se retroalimentan, se dan respuesta de la forma más extraña, porque si recordáis… No sé si alguno fue al lanzamiento de Sombras de identidad, pero en aquella ocasión expliqué que había escrito la mitad de Sombras de identidad y luego tuve que parar para trabajar en otra cosa, y para cuando lo retomé me costó mucho sumergirme, así que salté adelante y escribí Brazales de Duelo, lo terminé y volví atrás para escribir la segunda mitad de Sombras de identidad, después de haber terminado Brazales de Duelo, lo cual es la forma más rara de escribir una saga de libros, ¿no? No es algo que recomiende, pero se produjo un tira y empuja interesante, juego de palabras intencionado, entre ambos. Con Sombras de identidad la saga me decía: «Brandon, has escrito esto para que sea divertido en Aleación de ley, pero también te tienes que asegurar de que los personajes tiene profundidad. Necesitamos darle un sentido a la saga, no puede contentarse con ser simplemente una golosina. ¿Dónde está el sentido?». Y en Sombras de identidad estuve buscando ese sentido en algunos lugares un poco sombríos, de alguna forma empujando a los personajes hasta el límite. Y Brazales de Duelo es, de alguna manera, una respuesta a ello en la que digo: «No olvidéis divertiros, ¿podemos tener ambas cosas a la vez? Vamos a ponérselo complicado a los personajes, pero sin olvidar la diversión». Y ambos libros mantuvieron un diálogo entre sí, yo diría que de formas interesantes. 

Han pasado seis años y ha llegado el momento de escribir el libro final. Y ahora llegamos a… ¿Qué significa El metal perdido?, o sea, ¿dónde me encontraba yo como persona a la hora de escribir este libro? ¿Qué significa para mí? 

Me senté a escribir este libro y, tengo que ser sincero con vosotros. Cuando empecé con Aleación de ley, no tenía ni idea de hacia dónde se iba a dirigir. Cuando estaba escribiendo Sombras de identidad… Y entre todos los libros que he escrito, Brazales de Duelo es uno de mis favoritos, y es casi como si la saga me estuviera diciendo: «Brandon, no solo tienes que tomarnos en serio, sino que además no nos tienes que tratar como si fuéramos un proyecto secundario», ¿cierto?. Y en el fondo de mi mente, sonaba esa voz diciendo : «Sí, puedes, claro que eso es lo que tienes que hacer. Ninguno de tus libros ni de tus historias son proyectos secundarios, todas tus historias son tus hijas». La gente, especialmente los jóvenes, me preguntan… No sé qué es lo que tienen los niños que siempre quieren saber cuál es tu favorito, pero siempre te preguntan: «¿Cuál es tu libro favorito?». Y me ponen en serios apuros. Robert Jordan siempre decía: «El que sea que esté escribiendo en este momento». Que es una de las grandes preguntas y respuestas de Robert Jordan. Y también lo decía para los personajes: «¿Cuál es tu personaje favorito?». Y el decía: «El que esté escribiendo en este momento». Y él expresaba algo que todos los autores llevamos dentro, todos nuestros libros tiene que ser nuestros niños. Y durante todo este tiempo me he sentido sobrecogido por la respuesta que ha tenido el Cosmere. No hablo que… Debería sorprenderme… Pero suelo decir a la gente que en cierta forma soy afortunado en el sentido de que lo que quería hacer de verdad, era algo que todo el mundo decía que no se podía hacer, pero empecé a escribir en una época en la que se demostró que era lo que la gente quería.

Permitid que lo explique. 

Creo que el motivo por el que la gente estaba un poco asustada por la continuidad allá en los 80 y los 90 es porque verte inmerso en algo que era grande era muy, pero que muy difícil. No teníamos internet, al menos no en su forma moderna. Era muy difícil conectar con otras personas, que estuvieran también en el mundillo friki y te recordaran lo que había pasado en el libro 6 o el que fuera, y cosas así. Y estábamos todos un poco asustados de ello porque, ¿cómo te mantenías al día? 

Pero si hay algo que nos ha mostrado la narrativa moderna es lo siguiente. El advenimiento de internet hace que sea muy fácil estar al día con estas cosas, y siendo así, adoramos la continuidad. Escribí Elantris en 2005, y dos años después de Elantris pasó algo que tal haya sido un poco importante. Salió Ironman, un evento relevante para la cultura pop y para cuando empecé a escribir la trilogía de Nacidos de la Bruma, lo que empezó a calar en la gente fue… «Muy bien, quién es este tal Hoid? ¿y esto qué es? ¿y esto qué quiere decir? Y me he dado cuenta de que hay estos charcos en ambos planetas… ¿Qué es esto?» Y entonces me empecé a dar cuenta de que aquello que me había asustado, aquello de lo que mi editor me había advertido que me mantuviera alejado, era precisamente la cosa que hacía únicas a mis historias. 

Y en muchas formas, todo ello se remonta a aquella época en la que tenía 15 años y escribía aquella historia… Pienso… ¿Por qué cosa quiero que recuerden de verdad? ¿La cosa insulsa de una página y media que cumple con la tarea? ¿Es eso de verdad lo que quiero ser? 

Así que cuando me senté a escribir El metal perdido, la historia que estaba esbozando y en la que estaba trabajando, era una que posiblemente no cumpliera muy bien con la tarea… Y con ello lo que de verdad quería hacer era adentrarme más en el Cosmere, algo ante lo que me he mostrado un poco reluctante. Así que imagino que el aviso que voy a daros es que, durante años he dicho que esto era algo que iba a estar de fondo, ¿cierto? El metal perdido cambia eso. 

[Gran ovación del público]

Quiero tener cuidado, porque uno de los miedos justificados de tener demasiados crossovers es que sientas que te quedas fuera si no estás al tanto de todo, ¿no? No quiero que entréis en un libro y os sintáis que no formáis parte de la conversación. Pero al mismo tiempo, esto es lo que me hace especial a mí y a mi trabajo, y he decidido que no me voy a preocupar más de si estoy o no cumpliendo con la tarea.

[Gran ovación del público]

Así que esta es una justa advertencia que os hago. Cuando deis libros a vuestros amigos, dadles Era 1, donde esto queda al fondo, porque a partir de ahora vamos a muerte. 

[Gran ovación del público]

Y no vamos a hacer lo que los demás esperan de nosotros, así que os presento El metal perdido, espero que lo améis y lo disfrutéis, y voy a daros este aviso: se producen más crossovers que en cualquier otro de los libros que haya escrito antes.

[Gran ovación del público]

Apasionada de los comics, amante de los libros de fantasía y ciencia ficción. En sus ratos libres ve series, juega a juegos de mesa, al LoL o algún que otro MMO. Incansable planificadora, editora, traductora, y redactora.

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