La Sexta Encarnación de Pandora

Hoy recuperamos una de esas lecturas que Brandon hace de tanto en tanto, y que tanto nos gustan. En esta ocasión, se trata de un fragmento de La sexta encarnación de Pandora, una obra de ciencia ficción donde aparecen algunos conceptos en su versión más primigenia, que luego recuperaría para algunas novelas que ya conocemos.

Mientras traducía, y leía sobre algunos conceptos, me venían a la cabeza imágenes de Szeth y sus memorables enlaces en el prólogo del Camino de los Reyes, o por ejemplo los cambios de gravedad en El juego de Ender, e incluso un antepasado de M-Bot, con su tono jocoso a la hora de hacer comentarios.

Aunque el fragmento es muy breve, me ha encantado la premisa de una reflexión sobre el precio de una humanidad que lo ha conquistado todo, y posiblemente, sus consecuencias. Y aunque Brandon es más un autor de fantasía que de ciencia ficción, tengo la esperanza de que algún día veamos esta historia remasterizada.

Para la imagen de la portada he utilizado una ilustración de Thara Abelson. Ha sido un pelín complicado encontrar algo que más o menos encajara, pero esta obra me pareció evocadora.

¡Ya nos contaréis qué os ha parecido!

 

la sexta encarnación de pandora

FRAGMENTO LÉIDO POR BRANDON SANDERSON DURANTE EL LIVESTREAM DE LA FIESTA DE LANZAMIENTO DEL RITMO DE LA GUERRA, EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2020

 

Brandon Sanderson

¿Qué es la Sexta Encarnación de Pandora? Puede que estéis pensando en el planeta Pandora, por la película. Pero no… Me refería al mito. Y es que en nuestra sociedad hemos abierto varias cajas de Pandora, y esto sucede… Es un tema filosófico del futuro lejano, la sexta caja que abrieron estaba transformando a la gente en inmortal. Y esta es la caja de Pandora que abrieron, filosóficamente.

Suelo describirlo como cyberpunk, pero en realidad no lo es. No se trata de cyberpunk de verdad. Juega con algunos de esos temas. Comparte el que las corporaciones estén al mando, y una especie de futuro distópico, y cosas así. Pero se trata de un futuro lejano, no uno cercano, como suele darse en la mayoría del género cyberpunk.

La historia trata de un soldado inmortal que se ha convertido en tal gracias a este nuevo proceso, algo que sigue siendo poco frecuente y muy caro de conseguir. Y él es, básicamente, un ejército de un solo hombre, con todas las modificaciones y tal, y es capaz de destruir ejércitos enteros por sí mismo, y es completamente indestructible.

Voy a leeros parte del primer capítulo, aunque no es un buen capítulo para introducir ese concepto.

Tiene un pequeño epígrafe al principio, que pienso que os hará gracia, porque ahora es algo que uso bastante, y no empleaba tanto durante mi carrera temprana.

Este libro no se ha publicado. Es el quinto libro: La sexta encarnación de Pandora.

Brandon Sanderson

Desde el preciso instante en que el neanderthal primitivo se hizo con una roca afilada y se valió de ella para destripar su presa, el hombre ha perseguido nuevas formas mediante las que valerse de su entorno para aumentar sus propias capacidades. No es algo que haya cambiado mucho con el transcurso de los milenios. Las patas de palo se han convertido en miembros prostéticos, y los anteojos se han visto reemplazados por sistemas ópticos cibernéticos. Pero la idea principal permanece: descontentos con lo que el destino nos ha reservado, doblegamos la naturaleza a nuestra voluntad, transformándonos en algo más que aquello que estaba planificado para nosotros. De entre todas las creaciones de Dios, únicamente el hombre se ofende por su humilde posición.

Nuestro deseo por cambiarnos a nosotros mismos viene acompañado de una especie de paradójico, humano, e incómodo miedo que nos hace plantearnos si tal vez habremos ido demasiado lejos. Con el paso de las eras, hemos fabricado horrores para empatar nuestra creciente supremacía sobre la naturaleza. Monstruos, golems, robots enloquecidos, y horrores que acechan nuestro inconsciente tecnológico colectivo. Mezclas perversas de carne y metal, obscenos abusos de la naturaleza y sus creaciones. Nosotros mismos nos presionamos para ser mejores cada vez, para tener mayor control y ser más dominantes. Pero a su vez, sudamos, y nos preocupamos por si en esta ocasión, acaso no hemos ido demasiado lejos.

Y así ha sido. Represento el último escalón, la síntesis definitiva entre lo que es natural y lo que es profano. Una última y definitiva adulteración. La culminación de nuestros logros, un monstruo de Frankenstein del moderno siglo XXIII. No hay nada que pueda compararse conmigo, ni vivo, ni imaginario. Yo soy <Xelian>.

Capítulo Uno

El silencio en el bosque era algo anómalo, casi molesto. <Xelian> podía sentir el rocío en el aire. Pendía cual bruma invisible a su alrededor. La humedad era un compañero atípico, y tenía que luchar contra el impulso de secarse la frente. Una mano mojada, recubierta de sudor, poco ayudaría a secar una frente sudorosa. Podía sentir la fina película de agua sobre su piel, recubriendo por completo su cuerpo, haciendo que sus dedos estuvieran a la vez resbaladizos y pegajosos, y que se pegaran cuando los frotaba unos con otros.

También la imprecisa iluminación del bosque era algo irregular. Conocía la luz. Conocía la oscuridad. Pero, en cambio, el crepúsculo fluctuante del bosque no era ni claro ni oscuro. Parecía fluir más que cambiar, estar vivo en vez de simplemente iluminar. No era de día ni de noche. Había una luz entre viva y muerta.

<Xelian> no seguía ningún sendero señalizado. Lo había dejado atrás hacia ya mucho. No era complicado moverse entre los arbustos. Altos tocones se mantenían firmes como mercaderes celosos, capturando la luz dorada antes de que esta alcanzara el sueño. La poca luz que conseguía abrirse paso, no tenía forma ni fuerza. Pocas eran las plantas que podían exprimir un resquicio suficiente como para sobrevivir. No había nada lo suficientemente robusto que le representase un problema a la hora de abrirse paso.

De tanto en tanto, <Xelian> llegaba hasta una mullida zona de tierra húmeda. Parecía insólito que algo nativo de su propio planeta pudiera resultarle tan ajeno. Pero había pasado mucho, mucho tiempo desde la última vez que vio tierra.

Prosiguió la marcha, avanzando a buen paso por el reino de los enormes árboles con sus diminutos brotes de setas. Por lo general, solo se percataba de lo que lo rodeaba si había algo fuera de lugar. De algún modo, el bosque era algo distinto. Era vasto, omnipresente. Incluso al cerrar sus ojos podía sentir cómo lo rodeaba. Al avanzar, notaba el suave y mullido terreno. Con cada aliento, inhalaba el aroma de la madera, de la flora que se descomponía, del humedecido follaje, y de la tierra amarga. Podía escuchar el crujido de hojas y ramas a sus pies. El bosque no era un escenario, era una experiencia.

No hay bichos, señaló una voz en su oído

—¿Qué? —preguntó <Xelian> abriendo los ojos.

No hay insectos, <Xelian>. Un bosque de este tamaño debería estar rebosante de ellos.

—Serían difíciles de controlar aquí, Cable.

Lo sé. Es que pienso que arruina la autenticidad.

— No dirías lo mismo si pudieras sentirlo —respondió <Xelian>, prosiguiendo con su marcha.

Bueno, dudo que sea algo que vaya a pasar en un futuro próximo. La voz de Cable no era sonaba sarcástica, ni deprimida. Tan solo apuntaba un hecho. Cable jamás podría percibir el bosque, al igual que jamás podría sentir nada. Toda la existencia física de la IA se reducía a una CPU integrada bajo el omóplato izquierdo de <Xelian>.

Nos estamos quedando sin bosque, señaló Cable.

<Xelian> asintió. Ahora ya podía distinguir la línea de los árboles, donde terminaba el bosque. Poco después, la había cruzado, y el mundo que le rodeaba se transformó bruscamente.

En vez de tierra suave, sus pies resonaron contra rígido metal. Dejó atrás la tierra de semi-penumbra, y salió a plena luz del sol. La humedad cedió el paso a un clima minuciosamente controlado, y deliberadamente confortante. <Xelian> dejó atrás el dosel de hojas, y se adentró en un mundo en el que el oscuro espacio se extendía hasta el infinito en todas direcciones. Permaneció de pie al filo de un acantilado vertical. El camino metálico que rodeaba el bosque era apenas unos palmos más ancho que el lugar en el que se encontraba. También rodeaba el borde de la Plataforma.

<Xelian> miró hacia arriba. A lo alto, en el cielo, podía vislumbrar otra enorme Plataforma como aquella en la que se encontraba. Un continente flotante, con personas habitando cada uno de sus seis lados. Más allá de la segunda Plataforma, <Xelian> podía distinguir los diminutos puntitos que eran las estrellas. Mirando hacia abajo desde el borde del precipicio, podía ver exactamente lo mismo, a cientos de kilómetros de distancia, se encontraba la base de la Plataforma, y más allá de eso, nada. Frío espacio, eternidad. Al caer de este barranco, alguien podía precipitarse en el vacío literalmente para siempre. Se dice que los constructores de la Plataforma intentaron evocar la sensación de encontrarse sobre la faz de un planeta, en vez de estar encima de un gigantesco bloque de metal que pendía en mitad del espacio, ridícula distancia de cualquier sistema planetario. No habían hecho un buen trabajo.

<Xelian> volvió a mirar hacia el parque forestal. En realidad, era uno de los pocos lugares de la Plataforma <Saj> dedicados a que los habitantes recordaran su herencia. Como si no hubieran abandonado intencionadamente cosas como los bosques cuando se movieron al estéril vacío del espacio.

—Recuérdame volver cuando el proyecto esté terminado —pidió.

¿Se trata de una petición, <Xelian>, o simplemente estás barajando una hipótesis?

—No, en serio. Recuérdamelo.

Sí, <Xelian>. Cable calcularía una fecha y hora estimada para el recordatorio.

<Xelian> se alejó de la pared orgánica tras él y saltó desde el borde. Podía sentir el inicio del descenso, la caída en picado que le llevaría desde el lado de la plataforma hasta adentrarse en el olvido. La gravedad tiraría de él hacia abajo, lista para arrojarlo al vacío.

Pero entonces, cambió. Una fuerza invisible atrapó su pie, un empujón que alteró su inercia. Su cuerpo siguió al empujón, abandonándose en los brazos de la misma fuerza. En vez de zambullirse en el espacio, <Xelian> se columpió en arco alrededor del borde del precipicio, y su pie se posó en la pared vertical que se encontraba debajo suyo. Se reorientó, y luego tiró de su otro pie para colocarlo junto a su compañero.

Se mantuvo en pie, ahora sobre el otro lado del precipicio. Lo que una vez fue abajo, ahora se encontraba directamente ante él. Y cuando se giró y miró hacia abajo, vio el lugar que había dejado, y ahora parecía una abrupta caída vertical, mientras que el bosque parecía brotar de la superficie del acantilado. La gravedad de la Plataforma no iba a soltar su presa sobre <Xelian> tan fácilmente. Tiraba de él hacia la Plataforma, sin importar en qué dirección estuviera abajo en cada momento. Alguien podía caminar sobre cualquiera de las superficies de la Plataforma y sentir como si estuviera sobre la faz de un planeta.

No veo por qué hay que ser tan dramático con eso, <Xelian>, resonó Cable. ¿Qué es lo que te resulta tan fascinante sobre el cambio de las superficies gravitacionales?

<Xelian> continuó mirando por el lado del precipicio, y luego lanzó un guijarro, contemplando como trazaba su recorrido en arco con normalidad en el aire, hasta que los vectores cambiaron y de repente cayó hacia el interior, chocó contra el sendero y rodó hasta detenerse el borde del bosque.

—¿Acaso queda algo que no hayamos dominado, Cable? —respondió <Xelian>—. ¿Qué es lo que nos queda por subyugar? Las mismísimas leyes de la naturaleza se doblegan ante nosotros. ¿Dónde está la emoción en un universo que responde a nuestra conveniencia, deformándose y cambiando hasta adecuarse a la voluntad de las especies más caprichosas?

Si lo que buscas es emoción, deberías probar pilotar una nave a través del corazón de una estrella, sugirió Cable. Hasta donde sé, nadie ha conseguido conquistar ese logro, todavía.

—Tal vez lo haga —murmuró <Xelian>.

Al menos asegúrate de haber sacado mi CPU primero, dijo Cable.

Brandon Sanderson

Esto era de 1999.

También es interesante para mí echar la vista atrás y comprobar qué ideas he tirado en la trituradora de palabras y he reciclado. Si habéis leído Estelar, reconoceréis algo muy parecido a las Plataformas, que se remontan a una historia corta que escribí, llamada Defendiendo el Elíseo. Posiblemente aparecieron por primera vez aquí. Y luego las utilicé en Defendiendo el Elíseo. Y luego escribí la saga de Escuadrón, en ese mismo universo. Así que este es un hipotético libro que podría haber existido en la misma ambientación.

About Author

Apasionada de los comics sea cual sea su procedencia. Amante de los libros de fantasia y ciencia ficción. En sus ratos libres ve series, juega a juegos de mesa, a LoL, y algún que otro MMO. Súper fan de las obras faraónicas, del “nada es imposible”, y del “esto se puede mejorar”, es un pelín obesesiva con el orden y la organización. A la que te descuidas, está haciendo listas de nuevas tareas y calendarios. Suele intentar salir a comprar ropa, pero por algún motivo extraño acaba siendo abducida siempre por una librería antes de llegar, y rara vez lo consigue. Colecciona libros como souvenir de sus viajes, y cuando está en Barcelona, le encanta salir de caza por el Mercado San Antonio, y visitar Gigamesh. Incansable planificadora, editora, traductora, y redactora. - I will unite instead of divide. I will bring men together. I will take responsibility for what I have done. If I must fall, I will rise each time a better man.

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