Defendiendo el Elíseo (PARTE III)

Jason se despertó en la oscuridad. Una oscuridad pura y espeluznante. No había visión, ni Sentido, ninguna sensación en absoluto. La oscuridad había regresado.

Jason comenzó a temblar. «¡No! ¡No puede ser! ¿Dónde está mi Sentido?» Se acurrucó, apenas sentía el frío suelo metálico bajo él.  Le engullía la negrura, era más que solo oscuridad, era la nada. Una falta de sensación. Era el único terror verdadero en la vida de Jason. Y había regresado.

Gimió a su pesar, los recuerdos llegando en un torrente.

Comenzó con su visión nocturna como a menudo lo hacían las enfermedades visuales. Recordó las noches pasadas en la cama cuando era niño, la oscuridad parecía hacerse cada vez más opresiva. Y luego, comenzó a ocurrir durante el día. Primero su visión periférica, había sido como si la oscuridad lo estuviera siguiendo, envolviéndolo. Cada mañana cuando despertaba parecía que la oscuridad estaba más cerca. Se había agachado como una bestia en la esquina de su visión.

Terror. Los médicos no pudieron hacer nada. Jason se vio obligado a intentar vivir su vida de forma normal, y la oscuridad parecía estar cada vez más cerca. Vivía en un perpetuo temor hacía lo que debía venir.

Y luego estuvieron los niños. Los otros niños, quienes no habían comprendido. Había tratado de continuar como siempre, había intentado vivir su vida como si nada hubiera pasado. Debería haberse sincerado a ellos. Tal y como estaban las cosas, solo vieron a un tonto que tropezaba. Rieron. Oh, como se habían reído.

Jason gritó, como si gritar pudiera hacer retroceder la oscuridad. ¿Dónde estaba su Sentido? ¿Qué estaba mal? Se agitó en la oscuridad, sus dedos rozaron una pared. Se retiró a una esquina, asustado y confundido.

—¿Cómo lo hizo? —preguntó una voz desde arriba.

Jason levantó la vista, pero no vio, o Sintió, nada.

—Dígame, Sr. Write —exigió la voz—. ¿Puede leer las mentes? Esto es imposible con CITO, incluso los Varvax no pueden penetrar en los pensamientos de un individuo. ¿Cómo lo hizo?

Jason no respondió. La oscuridad. La negrura.

«Provoqué esto a propósito», pensó una parte de la mente de Jason. «Yo los atraje. Quería llamar su atención, para que me llevasen con ellos. Lo hicieron. Esto es lo que yo quería».

Pero… la oscuridad. 

—¡Cómo!  —resolló Jason—. ¿Cómo te lo has llevado?”

—Responda a mis preguntas, Sr. Write —dijo la voz— y le devolveré su Sentido. ¿Cómo leyó la mente de ese hombre?

Jason se estremeció, recostándose contra el frío telanio. La voz del hombre era áspera y gutural. Hablaba de forma extraña, con acento de algún tipo, pero no uno que Jason reconociera.

«No es permanente», Jason se dijo a sí mismo. «La oscuridad desaparecerá. Al igual que cuando desarrollaste CITO».

—No soy un hombre paciente, Sr. Write —advirtió la voz—. Hable, y dejaré que tus compañeros vivan.

«Coln, Denise. Estaban en la habitación conmigo».

Jason no respondió. Se sentó, respirando profundamente, luchando por mantenerse cuerdo. Desde que desarrolló CITO, nunca había estado en la oscuridad. Su Sentido funcionaba incluso cuando no había luz.

—¿Lanna? —susurró, sintiendo que la oscuridad avanzaba hacia él—. ¡Lanna!”

—Se ha cortado el enlace a su base de operaciones , Sr. Write —dijo la voz.

Jason gimió. La oscuridad parecía estar cada vez más cerca… más cerca de devorar su mente.

—Como desee, Sr. Write —dijo la voz—. Le daré tres minutos. Si no tiene una respuesta para mí, la mujer muere.

Un clic, luego silencio. Parecía peor sin la voz; de repente, Jason deseó haber mantenido al hombre hablando. Ojalá le hubiera dicho la verdad a la voz, que no podía leer las mentes. Cualquier cosa para mantener allí a alguien más.

Ahora no tenía a nadie.

«¡No puedo hacer esto!» pensó Jason. «Cualquier cosa menos esto. Viví este horror una vez. ¡No puedo hacerlo de nuevo!».

Trató de empujar con las Hojas Mentales, pero no ocurrió nada.

«Mantén la calma, Jason. Contrólate. Los Varvax mencionaron algo sobre esto». Sonn lo había dicho una vez. Estuvo reservado e incómodo, extraño para un Varvax. Jason había preguntado si había alguna forma de suprimir la habilidad citónica. Sonn al final admitió que sí, pero le había dicho que no lo necesitaría. Aún no.

La oscuridad . . .

«¡No! Mantente enfocado. No tienes tiempo para el miedo». Probablemente había un aspecto tecnológico del dispositivo supresor. Muchas habilidades citónicas contaban con mitades mecánicas, como la transmisión de comunicación FTL, que no funcionaría sin receptores físicos. El citónico detrás de su encarcelamiento estaría alimentando un dispositivo físico con parte de su energía mental, uno que usase electricidad para amplificar el efecto. Pero debido a ese aumento, Jason nunca podría escapar. Estaría atrapado para siempre en la negrura.

«No para siempre. Solo unos minutos más, hasta que me maten». Eso sería casi preferible.

Una imagen vino a él. Una imagen de la humanidad escapando al espacio. Una imagen de mercaderes humanos que comercian y engañan, de tiranos humanos que capturan a los tecnológicamente inferiores Varvax, Tenasi y Hommar. Imágenes de guerras, de luchas, de un paraíso destruido.

«¡No puedo permitir que eso suceda!».

¿Pero qué podía hacer él? Palpó a lo largo de la pared, tambaleándose sobre sus pies y recorriendo la habitación. Era pequeña, tal vez de dos metros cuadrados. Apenas podía sentir la junta de la puerta, no había un picaporte en su lado.

«¡No hay suficiente tiempo!»  pensó Jason con desesperación. «No puedo escapar, no puedo contactar con Lanna…».

No podía contactar con Lanna, pero. . . Levantó un brazo hasta su oreja, dando golpecitos en el disco de control. Habían roto su vínculo con la base de operaciones, pero tal vez no habían pensado en polizones…

 

—¡No te escaparás de esto! —gritó Coln a la habitación vacía—. Soy un agente de AUI. ¡Hay consecuencias severas para el encarcelamiento de un agente de la ley!

No hubo respuesta. Coln suspiró, su rabia debilitándose por puro aburrimiento. Se había despertado en esta habitación, que parecía ser una especie de armario de almacenaje, con dolor de cabeza. No había oído nada al otro lado de la puerta desde ese momento. Denise estaba allí también, sentada tranquilamente sobre una caja.

«¿Qué es lo que planea Write?», pensó Coln. «Nos hizo capturar, pero ¿por qué?» Tenía que tener algo que ver con el plan maestro de la CT, fuera el que fuese.

De repente, un sonido crepitó en su oído.

—¿Coln?  —La voz crepitaba como un susurro enfermizo en los labios de un hombre muerto.

—¿Write? —preguntó Coln—. ¿Por qué me has encarcelado?

—Silencio, Coln —susurró la voz—. Ambos estamos encarcelados. Vamos a morir a menos que puedas hacer algo.

—¿Algo? —preguntó Coln con sospecha—. ¿El qué?

—Necesitas desconectar la electricidad.  Haz saltar un fusible, sobrecargar un circuito… haz algo.

Coln frunció el ceño.

—¿Que bien hará? Tendrán respaldos.

—Solo hazlo —El enlace chasqueó.

Coln maldijo en voz baja. ¿Qué estaba planeando Write esta vez? ¿Se atrevía a confiar en el hombre? ¿Se atrevía a hacer lo contrario?

Denise observó con confusión mientras Coln buscaba por la pequeña habitación, apartando cajas y carritos. Finalmente, encontró una toma de corriente en la pared. Se detuvo por un instante, al considerarlo. Suspiró, al final, y soltó un trozo de acero del refuerzo de una caja cercana. «Por qué no? No es que pueda meterme en más problemas de los que ya estoy metido».

 

Jason no podía escapar de la oscuridad. No podía cerrar los ojos para evitarlo, no podía huir de ello, y no podía hacer caso omiso. Solo podía acurrucarse contra la pared, sintiendo que su resolución, y su cordura, se debilitaban con cada segundo. Cuando regreso la voz la escuchó, pero no la entendió. Sus captores habían cometido un grave error. Podrían hacer todas las demandas que quisieran, pero no estaba en condiciones de responder a ellas. Podrían matarlo. No importaría.

La voz le gritó. Jason sintió que su cordura disminuía. No podría luchar contra ello. No quería luchar contra ello. La lucha sería demasiado difícil. Un dichosa inconsciencia era la única respuesta: silenciar el pensamiento y la percepción.

En ese momento, su Sentido volvió.

Era apenas un pitido, una fluctuación fraccionada del nivel de poder. Pero fue suficiente. El Sentido invadió a Jason como drogas en las venas de un adicto. Inmediatamente comenzó a desvanecerse, el supresor volviendo a estar en línea.

Jason lanzó arrojó mil Hojas Mentales a la vez, destrozando las paredes a su alrededor. Rompió el telanio en trozos, los trozos en astillas y las astillas en polvo. Las paredes se disolvieron como papel de seda antes de una explosión nuclear, rociando granos de metal lejos de él. Gritó mientras dejaba salir la oleada de poder, un grito bestial para alejar la oscuridad.

El supresor se disipó de inmediato, sus mecanismos destruidos por la explosión. Jason yacía acurrucado, su traje manchado de tierra y sudor, en un piso de brillante telanio. Se deleitó en la vuelta de su Sentido durante un momento maravilloso y en silencio. Sin embargo, con el Sentido vino la cordura… para él, ambos eran inseparables.

«Hay otro citónico aquí, y no estará contento por haberme escapado».

Así pues, inhalando profundamente, Jason se obligó a ponerse en pie.

 

Coln se sentó, aturdido. Sostenía un trozo de goma en la mano, el mismo que había usado para agarrar el metal mientras lo clavaba en la toma de corriente. Había esperado una ligera reacción; no había esperado que la habitación contigua a la suya explotara.

Parpadeó, quitándose las láminas plateadas de telanio de su ropa. «Qué…?» pensó con asombro, frotando algunos de los granos de telanio entre sus dedos. «¿Qué podría haber hecho esto?» Las armas modernas tenían dificultades incluso para hacer mella en el telanio.

Levantó la vista y vio a Jason Write de pie en el mismo centro de la explosión. El traje del agente estaba desgarrado. Coln dejó que el polvo de telanio se escurriera de sus dedos entumecidos al ver los ojos de Write. Al igual que antes, estaban desenfocados, incluso catatónicos. Miraban fijamente hacia adelante, inmóviles, como los ojos de… un hombre ciego.

—¿Qué eres? —susurró Coln.

Write hizo caso omiso de la pregunta.

—Toma a la chica y vete —dijo, su voz tranquila pero siniestra—. Esta zona está a punto de volverse muy peligrosa.

Coln asintió, buscando la mano de la asustada Denise. En ese momento, habló una nueva voz, una que Coln no reconoció.

—Oh, vamos, Sr. Write —dijo la voz—. ¿Debemos rebajarnos a tales suposiciones? ¿No somos… civilizados?

Write no dirigió su atención hacia la fuente del sonido: un altavoz en la pared.

—Muéstrate.

Se hizo el silencio. Sonido de unos pasos. Coln empujó a Denise detrás de él, volviendo sus cautelosos ojos hacia el pasillo afuera de sus habitaciones, el pasillo que ahora estaba expuesto, gracias a la extraña explosión.

Una figura apareció en el pasillo. Era anodino a excepción de una larga nariz  y un cuerpo delgado. Vestía un traje azul marino y sonreía mientras avanzaba, arrastrando los pies sobre la capa de polvo de telanio.

—Dime quién eres —demandó Write, volviéndose para mirar al hombre con sus ojos desenfocados.

—Vamos, Jason  —repuso el hombre—. ¿No me reconoces?

—No.

—Supongo que no debería sorprenderme —contestó el hombre, mientras continuaba paseando por la habitación—. Han pasado varios años, y en realidad yo no era tan importante. Solo uno de tus muchos reclutas. Mi nombre era Edmund.

La habitación quedó en silencio.

—¿Por qué trataste de matar a Coln? —preguntó finalmente Write.

Edmund simplemente sonrió.

—Incluso para un agente de CT, eres un hombre extremadamente reservado, Jason. Has estado ocultando cosas a los Varvax. Si supieran que puedes crear Hojas Mentales, sin duda estarían tentados de elevar la designación de inteligencia de la humanidad.

Write frunció el ceño.

—Fue una prueba. Querías ver si podía detener las balas.

—Y no me decepcionó —admitió Edmund, deteniéndose justo frente a Write—. Las Hojas Mentales son algo muy avanzado, Jason. Unas pocas décadas de estudio, y es posible que obtengas FTL. Estoy impresionado.

Los dos hombres estaban de pie uno frente al otro, pero ninguno de los dos miraba a su oponente. Permanecieron así durante unos momentos tensos, y Coln frunció el ceño. Sentía que algo importante estaba a punto de suceder, pero nunca ocurría.

«Que está pasando?»

 

Jason luchaba por su vida. Cientos de Hojas Mentales azotaron hacía él, explosiones invisibles de puro pensamiento. Era todo lo que podía hacer para evitar que destrozaran su carne. Luchó, enviando sus propias Hojas para bloquear las de su oponente, un oponente al que aún no comprendía.

Recordaba vagamente a Edmund, aunque no había conocido su rostro lo suficiente como para haberlo reconocido en el café. Edmund había sido un hombre con cierto potencial citónico. Había huido de la CT después de solo unos meses de entrenamiento. Aquello había sido solo hacía dos años, ¿cómo había aprendido tanto en tan poco tiempo?

El bombardeo de Hojas Mentales disminuyó, y Edmund dio un paso atrás. Todavía estaba sonriendo, pero había cautela en sus ojos. No había esperado que Jason fuera tan bueno como él.

Jason respiró hondo. Coln estaba mirando desde una corta distancia, con la cara confundida: no había sido capaz de ver la loca batalla en la que Jason acababa de luchar.

—Estoy impresionado de nuevo, Jason —alabó Edmund.

Jason sintió que el sudor corría por su mejilla. 

—No habría esperado que supieras cómo bloquear las Hojas Mentales —prosiguió Edmund—. Pocos de nosotros hemos practicado eso.

Jason se puso rígido.

—He estado esperando esto por un tiempo —susurró—. Sabía que no podía mantenerlo alejado de personas como tú. Sabía que algún día tendría que pelear.

—Te preparaste bien.

Las Hojas Mentales golpearon de nuevo. Jason gruñó, golpeando con sus propias Hojas. Hubo una ligera ondulación en su Sentido cuando estaba a punto de aparecer un hoja mental, y cortó esa área con una propia. Los estallidos se cancelaron mutuamente, vacilando en su Sentido como dos arcos de luz. Bloqueó cientos de ellas, el aire a su alrededor brillaba como si estuviera en medio de una explosión.

«No puedo seguir así por mucho tiempo». Al final una hoja mental se abriría paso. Jason solo tenía una carta para jugar, y tendría que hacer que contara.

Jason continuó luchando, esperando el momento adecuado. Edmund era mejor que él. No debería haber sido posible, Jason había estado practicando CITO durante más tiempo que cualquier otro hombre. ¿Cómo podía alguien haberlo alcanzado tan rápido? Tenía que averiguarlo. De lo contrario, todo por lo que había trabajado se perdería.

El ataque se replegó de nuevo. Edmund estaba sudando ahora, al menos era difícil para él.

—Aprendiste bien de los Varvax —manifestó Jason, arriesgando.

Edmund levantó la vista con sorpresa. Después, se rió.

—Así que no puedes leer las mentes después de todo —dijo con una sonrisa—. Eso fue todo un farol.

«Estaba equivocado» pensó Jason. «Pero, ¿entonces cómo… ?»

—Adiós, Jason Write.

Jason sintió el aire oscilar a su alrededor. Más Hojas Mentales de las que podía contar comenzaron a formarse, era como si estuviera siendo rodeado en una cúpila de energía pura. No podía bloquearlos a todos. Moriría.

«¡Ahora!»

Jason se centró en sí mismo. No creó ninguna Hoja Mental. En cambio, Sintió hacia adentro. Percibió su propia vibración en su Sentido, una fría criatura vestida de negro. Tan diferente al chico que una vez fue. El muchacho había quedado estupefacto, inmovilizado, por su horror.

Jason ya no era ese chico. Con un grito, sintió que las Hojas Mentales descendían a su alrededor, y se arrojó voluntariamente al interior de la oscuridad.

Todo estaba silencioso.

La negrura lo envolvía, la no existencia que lo había amenazado desde la infancia. Salvo que esta vez había llegado a ella por elección. Durante un eterno momento se ahogó en su abrazo.

Entonces, reapareció. Cuando volvió a entrar en el espacio normal, apartó el aire, por temor a que esas moléculas quedaran atrapadas dentro de su cuerpo al aparecer. De manera similar, apartó la carne de Edmund de su mano.

El mundo tembló, y Jason estaba de vuelta. Estaba en pie, con el brazo extendido directamente frente a Edmund. La muñeca de Jason terminaba de manera abrupta donde se topaba con la carne de Edmund, su mano se había materializado dentro del pecho del hombre.

El corazón de Edmund, agarrado dentro del puño de Jason, golpeó una vez. Los ojos de Edmund miraron hacia adelante en estado de shock. Detrás, el lugar donde Jason había estado un momento antes, explotó por las Hojas Mentales.

Jason apretó una vez, y Edmund gritó de dolor. El corazón dejó de latir. Edmund cayó de rodillas, y Jason sacó su mano levemente fuera del espacio y la retiró.

Edmund cayó hacia atrás, mirando con ojos sorprendidos, agonizantes. No cayó inconsciente mientras moría, era demasiado poderoso como citónico para eso. En cambio, musitó.

—Transmisión FTL. Jason, me sorprendes de nuevo. No teníamos idea. . . 

Jason se arrodilló junto al hombre.

—Lo he tenido desde hace un tiempo. Dime. Dime cómo lo hiciste. ¿Dónde aprendiste esos poderes? 

El hombre se rió, con una carcajada dolorosa.

—Lo he estudiado toda mi vida, Jason.

—¿Cómo? —Jason exigió.

De alguna manera, Edmund encontró los ojos de Jason.

—Ah, eres un idealista, Jason de la Compañía Telefónica. En algún momento debes preguntarte esto. ¿Por qué una raza como los Varvax necesitaría aprender una habilidad como la supresión citónica?

Jason vaciló, su mente paralizándose. Solo sabía una respuesta, una que apenas se había atrevido a considerar.

—Para mantener prisioneros.

—¿Prisioneros? —Edmund tosió—. ¡Pensadores novedosos! ¡Disidentes! Cualquiera que no esté de acuerdo con ellos.

—¡Mientes!

Edmund rió, su espalda se arqueó de dolor.

—Y vosotros (nota: creo que se refiere a la humanidad no a Write en particular) seréis nuestra escapatoria —añadió, su voz cada vez más fuerte hasta que estuvo prácticamente gritando—. Han tenido su paraíso el tiempo suficiente. Casi te vuelves loco después de pasar unos pocos minutos sin tu Sentido… ¡imagina viviendo tu vida en una caja semejante! Solo ves la paz, solo ves la sociedad perfecta.

—¡Tú no ves el coste!

El aliento final de Edmund siseó, y su cuerpo cayó inerte.

—Mientes —susurró Jason—. Son un pueblo pacífico. Nosotros somos los monstruos, no ellos… —Se sentó por un momento, mirando el cuerpo caído. Coln todavía estaba a corta distancia, parecía asombrado y confundido.

—Ven aquí —ordenó Jason en voz baja—. Trae a la chica.

Coln obedeció sin decir palabra. Jason puso una mano sobre cada uno de ellos, y entró en la oscuridad una vez más.

 

Coln reconoció la habitación de inmediato. Parpadeó una vez, tratando de olvidar la horrible sensación de vacío que acababa de experimentar. Estaba en una habitación blanca y curva. El centro de operaciones de la CT. La habitación representada en su borroso holovídeo. Coln había estudiado su imagen cientos de veces, y ahora estaba de verdad allí.

Salvo que la Central de Operaciones de la CT estaba en la Tierra, a meses de distancia de Vísperas. Coln respiró con asombro. Write estaba a corta distancia, su traje hecho jirones, sangre que descendía por sus brazos.

—¡Posees el viaje FTL!  —acusó Coln.

—Sí.

—¡Entonces tenía razón! —Dijo Coln—. ¡Habéis estado manteniendo el viaje FTL alejado de la humanidad!

—Sí.

—¿Por qué? —exigió Coln—. ¿De qué estáis tratando de protegernos?

—No estaba tratando de protegernos —replicó Write, caminando hacia un lado de la habitación. Se acercó a la pared, la que se suponía albergaba la maquinaria de comunicación FTL, y tiró de una palanca. Una pequeña taza apareció en la base, seguida por un chorro de café humeante—. Estaba tratando de protegerlos. Y prepararnos.

—¿Prepararnos? —inquirió Coln.

—Los programas de intercambio —explicó Write—. Los programas de divulgación, incluso la moda del color de la piel. Cualquier cosa para hacernos más abiertos. Por supuesto, realmente no importa eso ahora, ¿verdad?

Coln frunció el ceño, luego miró la máquina de café.

—Entonces, no es la unidad de comunicación FTL…

Write negó con la cabeza, a continuación señaló hacia un lado. Un hombre, el hombre que Coln había confundido con un guardia de seguridad en el holovídeo, estaba sentado tranquilamente en una silla a poca distancia. El hombre tenía los ojos cerrados.

—Su mente —manifestó Write—. Potencia todas las llamadas FTL.

—Pero —dijo Coln—, existen millones de ellas…

—Todo lo que necesitas es una sola mente para proporcionar la capacidad FTL —explicó Jason—. Las computadoras pueden hacer el enrutamiento propiamente dicho.

Coln siseó quedamente, sorprendido.

—La tecnología es limitada —dijo Jason—. Solo la mente es infinita.

Otras preguntas se desvanecieron cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe y una mujer pelirroja irrumpió en la habitación. Inmediatamente corrió hacia adelante y agarró a Write en un poderoso abrazo.

—¡Qué sucedió! —exigió, y Coln al instante reconoció la voz de Lanna.

—Coln —murmuró Write—, te presento a Lanna Write. Mi mujer.

—¿Qué? ¿Tu esposa?

—Por desgracia —añadió Write. Había cariño en su voz.

—Pero —objetó Coln—, la Agencia ha pinchado tus comunicaciones docenas de veces: ¡siempre te quejas cuando la asignan a ti!

—Sí, y él hace la asignación —contestó Lanna, revisando las pequeñas heridas en los brazos de Write—. Siempre dice que cuanto menos sepa el Agencia sobre su vida personal, mejor. Además, no puede evitar provocarme —Levantó la vista hacia Write—. Está bien, siéntate y dime qué está pasando. El médico está en camino.

Writer suspiró, tomando otro sorbo de su bebida.

—Podría haber estado equivocado, Lanna.

—¿Acerca de?

—Sobre todo —dijo, su voz atormentada.

 

Jason se sentó en su habitación, dejando que el médico le vendase los brazos. Lanna se levantó, insatisfecha, a poca distancia. Ella era el terror de las Operaciones Centrales de la CT: pocos hombres tenían el coraje, o la estupidez, para provocar su ira.

—Está bien, viejo —dijo—. ¿Que ocurrió?

Jason sacudió la cabeza. Antes de que pudiera responder, su holovídeo emitió un pitido. Jason apretó el botón y apareció la cara quitinosa de Sonn.

—Tienes algunas explicaciones que dar, Sonn —pidió Jason.

El Varvax extendió las manos en señal de ruego.

—Estoy a su disposición, Jason de la Compañía Telefónica.

Jason presionó un botón, mostrando a Sonn una imagen de Denise siendo interrogada por agentes de la CT.

—Dime que no es verdad, Sonn —pidió Jason en voz baja—. Dime que no encerráis a vuestros descontentos.

—¿Varvax descontentos? —preguntó Lanna con sorpresa.

Sonn levantó las manos, un signo de disculpa.

—Dije que finalmente descubrirías la razón de la supresión citónica, Jason de la Compañía Telefónica.

Jason inclinó la cabeza. «No. No puede ser. . . .»

—Es la única manera —dijo Sonn—. La forma de obtener la paz.

—Paz para aquellos que están de acuerdo contigo/vosotros —escupió Jason.

—Es la única forma.

—¿Y los otros? —exigió Jason—. ¿Los Tenasi, los Hallo?

—Lo mismo —dijo Sonn—. Han descubierto el camino, como finalmente lo haréis vosotros. El camino hacia la Inteligencia Primaria. Debo disculparme por las molestias que les hemos causado.

Jason se sentó, aturdido. Estaba equivocado. Todos estos años, más de un siglo de trabajo, y estaba equivocado. Ellos lo habían engañado. De repente, se sintió enfermo y furioso.

—Van a ir a por ti, Sonn —manifestó Jason, asintiendo agradecido al médico mientras terminaba el vendaje. El hombre era de confianza, uno de los primeros citónicos que Jason había reclutado más de cien años antes.

—¿Disculpe, Jason de la Compañía Telefónica? —inquirió Sonn tras de una breve pausa. Sus manos estaban retraídas en el signo de confusión Varvax.

El médico se marchó y Lanna se sentó al lado de Jason. Observó a Sonn con ojos calculadores: nunca le habían gustado los Varvax. Decía que no le gustaba la gente que podía falsificar su lenguaje corporal con tanta facillidad.

—El embajador, el que murió —continuó Jason—. Él era un descontento. Lo tengo ahora. Pensé que los humanos estaban tratando de infiltrarse en la sociedad Varvax. No me percaté de que era al revés. Vuestros disidentes escapan y se esconden entre nosotros. Están tratando de hacerse con la tecnología humana. Aún somos incivilizados, Sonn. Tenemos algunas máquinas de guerra que podrían derribar vuestras naves sin siquiera detenerse.

Sonn mantuvo su gesto de confusión, luego lo aumentó con uno de preocupación. Pocas personas saben que la nave del embajador Tenasi que había sido derribada sobre la Tierra había sido una de las naves más avanzadas y poderosas de la galaxia. Un solo misil humano la había destruido. Las otras especies tenían tecnología todavía más inferior/pobre.

—Esto es perturbador —admitió Sonn.

—Lo sé —coincidió Jason. Luego se acercó y cortó la conexión. La cara de Sonn se tornó borrosa y desapareció.

Jason se echó hacia atrás con un suspiro y Sintiendo a Lanna a su lado. Sabía lo que estaba por venir, temió no poder mantener a la humanidad alejada del espacio. Simplemente no había esperado que el cielo/paraíso le fallase.

—Lo siento —susurró Lanna.

Jason negó con la cabeza.

—Siempre me advertiste que era demasiado idealista.

—Quería creerte de todos modos —repuso Lanna. Ella, con lentitud, pasó su mano a lo largo de su mejilla. —¿Crees que el que te atacó era el único?

—Lo dudo —negó Jason—. Tenía demasiada confianza.

—Entonces…

Jason respiró hondo.

—Prepara un comunicado de prensa, Lanna. Diles que la Compañía Telefónica ha desarrollado al fin el viaje superlumínico, y que lo revelaremos al público tan pronto como los Gobiernos Unidos aprueben nuestra patente.

Lanna asintió.

—Tal vez podamos salvar algo del paraíso —susurró Jason.

 

 

 

Anotación de Brandon

 

Es difícil escarbar a través de mi memoria hasta los días en que escribí el borrador de esta historia. ¿Qué pasaba por mi cabeza?

Escribí la historia en una playa cerca de Monterey, California, y sigue siendo la única pieza publicada que hice completamente a mano antes de transcribirla al ordenador. Nunca había estado en Monterrey, y un amigo pudo cambiar algo que había hecho en el trabajo por una estancia de una semana en un pequeño hotel estilo condominio. Teníamos dos habitaciones y una vista muy bonita de la ciudad hacia el mar.

Así que supongo que cumpliendo del todo eso del estilo bohemio. En aquellos días aún no había publicado (esto sería a fines de 2001 o principios de 2002). Me había graduado en la universidad, pero me habían rechazado de todas las escuelas de postgrado que había solicitado. Había escrito alrededor de una docena de novelas, y en ese momento estaba molesto conmigo mismo por no escribir libros que fueran fieles a lo que quería ser como escritor.

La llamada sobre la venta de Elantris tardaría otro año más o menos. Yo estaba trabajando en un turno de noche en el hotel, alquilando una habitación en el sótano de un amigo por 300 dólares al mes y dedicando todo el tiempo que podía a practicar mi arte. (En parte para postergar el pensar a cerca de lo que iba a hacer con mi vida, ya que mis escritos no se estaban vendiendo y las escuelas de postgrado no me querían).

Durante el siguiente año escribiría un libro llamado El camino de los reyes, el mejor libro —aunque el que tenía más imperfecciones— que escribí durante mis años en los que no me publicaban. Una epopeya masiva y bestial que fue mi descarte simbólico de cualquier deseo de perseguir en el mercado o escribir cualquier cosa, que no fuera el tipo de escritura que me encantaba leer.

Esa era mi mentalidad. Recuerdo un par de largas tardes sentado en la playa, enumerando las olas y mirando el océano mientras escribía. Una buena amiga llamada Annie estuvo allí durante la mayor parte del tiempo (puede que la conozcáis como la mujer en la que se basaba Sarene de Elantris) escribiendo en su diario. Micah (lo podéis conocer como el Capitán Demoux en los libros de Nacidos de la Bruma, y también como el fotógrafo oficial de sus fotos en las solapas de las sobrecubiertas de los libros de Brandon Sanderson) entraba y salía. Casi siempre él estaba fuera tomando fotos.

Recuerdo desear ver si podía imbuir una historia corta con el tipo de caracterización y múltiples tramas que me gustaban en mi fantasía épica. Tenía una idea para un personaje con un pasado profundo e interesante, junto con un agradable elemento disonante (un agente secreto que trabaja para la compañía telefónica). Eso, junto con una idea interesante para un final, se convirtió en esta historia.

Curiosamente, fui capaz de hacer que esto funcionase en una historia corta de la manera que quería, mientras que escribir novelas cortas no me había funcionado. Le atribuyo a esta historia mi momento de encontrar el tamaño natural de una historia y escribirla en ese tamaño. De modo irónico, las novelas que había escrito recientemente (El Imperio Final y Nacidos de la Bruma, cuyas ideas serían de forma eventual recicladas en un solo volumen que vosotros conocéis como Nacidos de la bruma: El Imperio Final) fueron las que intenté, con intención, escribir “cortas” . Y al hacer lo, terminé llenando cada libro con muy pocas ideas, incluso para su corta duración.

Con “Defending Elysium“, cogí una historia corta (bueno, novelette) y la llené con tantas ideas como pudiera meter en su espacio. El resultado es una historia muy densa (en trama, historia y términos de su mundo) que terminó por satisfacer todos los aspectos de narración épica que me gusta tocar.

Terminé enviándola a The Leading Edge (la revista en la que trabajaba) durante uno de mis últimos meses allí. Lo hice bajo un seudónimo, una práctica común para los miembros del personal, para obtener algunas valoraciones. (The Leading Edge da su parecer sobre todos los envíos. No tenía la intención de publicarla allí, solo quería opiniones honestas). Resulta que uno de mis mejores amigos leyó la historia, y luego estuvo aproximadamente una hora en el anochecer siguiente hablándome sobre esta gran historia que había leído sacada de las sensiblerías, y cómo no podía creer que una historia tan increíble acabase siendo enviada a TLE de la nada. (Eso me dio un indicio sobre que la historia podría tener algún potencial …)

Ese es el origen de la historia. Para aquellos a los que les gusta profundizar en el significado y el contexto de una historia, quizás eso les haya dado algo para masticar. Aquel fue un momento deprimente de mi vida, tal vez el momento en que estuve más a la deriva, pero al mismo tiempo, fue uno de los momentos más desinhibidos de manera artística de mi vida. Sin contratos, sin plazos, sin reglas artificiales impuestas a mí mismo. Había decidido que el mundo podía hacer lo que quisiera, y solo escribiría lo que amaba, incluso si nunca se publicaba.

Así que, por supuesto, al año siguiente esta historia recibió la aprobación de Writers of the Future y Tor adquirió Elantris.

 

 

NOTA DE LA TRADUCCIÓN

 

Ha costado más de lo que pensaba pero al final he conseguido terminar y traeros el final de esta historia tan interesante. Interesante al menos en mi opinión, por supuesto.

Sé que habrán muchos aspectos por pulir y que más de una frase se podría haber traducido de mejor manera. Cualquier crítica y sugerencia constructiva en ese sentido, como siempre, será bienvenida. En general he quedado bastante contento con mi labor, por mi amateur que esta haya sido soy de los que piensan que hay que hacer las cosas lo mejor posible aunque no te dediques a ello profesionalmente.

Si no me fallan los cálculos han sido algo más de quince mil palabras a traducir, un gran reto a nivel personal. Un reto, y creo haberlo mencionado ya, que ha servido también para ayudarme a valorar en mayor medida la tremenda labor de aquellos que si se dedican a la traducción a nivel profesional.

Muchas gracias por leer esta aportación a nuestra comunidad “sandersoniana” y pronto volveremos desde el equipo de Cosmere.es con más contenido que mostraros. Estad atentos.

 

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Vanahian

Friki, padre, intento de informático reciclado, diseñador gráfico obsoleto… Empezó como aficionado al género fantástico hace casi treinta años y desde entonces no ha parado. Durante años participó como colaborador y moderador en la extinta web los Espejos de la Rueda (dedicada al fallecido escritor Robert Jordan, de la Rueda del Tiempo) y desde hace dos o tres administra junto a otros locos obsesos de Sanderson y el Cosmere el grupo de facebook oficial de Brandon Sanderson España…. Y desde hace unos meses con el proyecto que supone la web de Cosmere. A parte de la literatura fantástica emplea su tiempo de ocio en cómics, series y videojuegos (sobretodo mmorpgs) y cuando las musas quieren, en dibujar y escribir. “¡Un saludo cosmeritas! y espero que nos ayudéis a hacer crecer esta web”. Cosmerepedia andante, Señor de la Rueda, redactor, y moderador de los foros.

2 comentarios

  1. Rick

    Buenas. Creo que este relato está traducido al español en el libro XVII Premio UPC.

    Enhorabuena por vuestro trabajo y vuestra web.

    Saludos.

  2. Sasori

    Hola, así es, pero es muy poco conocido y Vanahian ha pensado que de esta manera llegaría a mas gente.

    Gracias por comentar!

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