Anotaciones a las obras de Brandon: Elantris – Capítulo 08

La economía de Arelon es una de las características interesantes de este libro. Con todo, no estoy seguro de si hice que las cosas fueran demasiado raras. La idea de que la nobleza estuviera vinculada directamente con el dinero suele comentarse tan a menudo por parte de los personajes, que me preocupa que los lectores piensen que el sistema es demasiado absurdo para haber aparecido. De todas formas, creo que al haber establecido como rey a un antiguo mercader (y al haber explicado como el sistema se creó rápidamente, para llenar el vacío tras la caída de Elantris), conseguí mantener la situación económica y social en Arelon dentro del mundo de las probabilidades.

Creo que a menudo, los escritores de literatura fantástica se conforman con agregar un leve giro original a la magia (ignorando en hecho de que sus culturas, gobiernos, y religiones son un derivado). Existe esta idea del mundo de fantasía “general”, y los escritores trabajan a su alrededor. No obstante, yo creo que un interesante elemento cultural puede ser tan fascinante (y útil en el argumento) como un interesante sistema de magia. En el mejor de los casos, ambos estarán entrelazados, como lo que uno  puede encontrar en los brillantes libros de género como Dune.

Por supuesto, el extraño sistema económico/gubernamental del libro es tan solo un descendientes de otro extraño sistema económico/gubernamental. Sarene y Lukel discuten algunos de los problemas que surgen al tener una raza de personas que pueden crear lo que quieran mediante la magia. No llego a profundizar demasiado en este aspecto del AonDor en este libro en particular, ya que la novela está ambienta en una época en la que la magia de Elantris no funciona. A pesar de eso, existen un montón de ramificaciones interesantes que AonDor ofrecería para un libro ambientado durante el apogeo de Elantris. ¿De qué sirve el oro, si alguien puede crearlo de la nada? De hecho, ¿de qué sirve un sistema monetario en absoluto, cuando todo el mundo puede tener tanta comida como quiera? ¿Qué necesidad hay de inventar o de ser ingenioso a los ojos de un grupo de gente que pueden recrean cualquier tipo de bien, sin importar su complejidad, con un simple giro de su mágica muñeca?

La realidad detrás de las habilidades mágicas elantrinas es mucho más limitada de lo que Sarene o Lukel comprenden en este capítulo. Si uno volviera atrás quince años, descubrirían que los elantrinos capaces de fabricar materiales complejos “de la nada” eran, en realidad, algo bastante excepcional.

Como aprendemos en el libro más adelante, el AonDor es muy complicado, una habilidad difícil de dominar completamente. Conforme iba escribiendo este libro, me imaginaba los complicados Aones que Raoden eventualmente aprende a dibujar como simples trampolines a enormes ecuaciones que llevaría semanas planificar y escribir. Fabricar algo muy complejo podría requerir gran cantidad de detalle en la receta AonDor.

Aún así, creo que la tensión entre los elantrinos y los mercaderes es un resultado natural de esta situación.

La escena en la que los niños hablan de arte es una que casi eliminé del libro en un par de diferentes ocasiones. Me preocupa que esta sea una de las escenas que contribuyen a resaltar la sensación de que la “familia de Kiin está fuera de lugar” que algunas personas puedan tener. Además, me preocupa que hiciera a Kaise DEMASIADO inteligente aquí. Tres cosas me hicieron mantenerla. La primera, creo que es un poco divertida. La segunda es un spoiler, así que no diré mucho al respecto (tan solo digamos que quería aportar a Daise y Daorn algo de buena caracterización).

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Para quienes lean los spoilers, esos dos serían los personajes principales de cualquier secuela que escribiera para Elantris. Ambientaría el libro unos diez años tras el final de este.

[plegar]

La tercera razón para mantener la escena fue que, en un primer momento, la coloqué de forma bastante intencionada. Kaise, y hasta cierto punto Daorn, son una pequeña reacción a El Juego de Ender. Cuando leí ese libro, y algunos de los otros trabajos de Scott (que, por cierto, creo que son brillantes) me pregunté si los niños que eran tan listos como los suyos realmente se comportarían como lo hacen en sus libros. No quiero llevar la contraria a una de las mayores mentes de la ciencia ficción de nuestro tiempo, pero quería darle un giro distinto a la idea de “niño inteligente”. Así que presenté a estos niños como extremadamente inteligentes, pero también extremadamente inmaduros con esa inteligencia. No estoy convencido de que coeficiente intelectual venga acompañado de madurez, y creo que existe un límite al “adulto” que puedes encontrar en un niño. Así que coloqué a Kaise y Dorn para permitirme jugar un poco con esta idea en Elantris.